El SIBO (sobrecrecimiento bacteriano del intestino delgado) es el aumento de bacterias, o la presencia de bacterias fuera de lugar, en el intestino delgado, donde normalmente hay pocas. Puede causar hinchazón, gases, diarrea, estreñimiento, reflujo, fatiga y mala absorción de nutrientes. Los síntomas se confunden con los del intestino irritable, por lo que el diagnóstico y el tratamiento requieren acompañamiento.
En resumen
- El SIBO es un exceso de bacterias en el intestino delgado, no una infección común: suele tener una causa de base.
- Existen tres tipos de gas: hidrógeno, metano y sulfuro de hidrógeno, asociados a síntomas distintos.
- El diagnóstico más usado es el test de aliento, que exige una preparación correcta.
- Tratar sin corregir la causa aumenta el riesgo de recaída: el plan incluye antimicrobiano, alimentación, motilidad y la enfermedad de base.
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Qué ocurre en el intestino
El intestino delgado es donde ocurre la mayor parte de la digestión y de la absorción de nutrientes. Cuando hay un exceso de bacterias, estas fermentan los alimentos antes de tiempo, producen gases, irritan la mucosa e interfieren en la absorción de grasas, vitamina B12, hierro y vitaminas liposolubles.
Síntomas más frecuentes
Hinchazón y distensión abdominal, gases, dolor o malestar, diarrea, estreñimiento, náuseas, reflujo, fatiga y, en los casos más intensos, pérdida de peso, anemia y deficiencias de nutrientes.
Por qué se confunde con el intestino irritable
Los síntomas son muy parecidos, y el SIBO puede estar presente en parte de las personas con SII. La investigación ayuda a separar ambas situaciones, que pueden coexistir.
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Los tres tipos de SIBO
Hidrógeno
Producido por bacterias que fermentan carbohidratos. Suele asociarse a diarrea, gases e hinchazón.
Metano (IMO)
Producido por arqueas, y no por bacterias, lo que llevó al término “sobrecrecimiento de metanógenos intestinales” (IMO). Suele asociarse a estreñimiento e hinchazón, y generalmente requiere combinaciones de antimicrobianos.
Sulfuro de hidrógeno
Gas con olor a huevo podrido, asociado a diarrea, dolor y gases de olor fuerte. No aparece en los tests de aliento tradicionales de hidrógeno y metano, y el diagnóstico depende de pruebas más nuevas y de la evaluación clínica.
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Por qué ocurre el SIBO
El intestino se protege del exceso de bacterias con la acidez del estómago, la bilis, las enzimas, el sistema inmunológico y, sobre todo, con las ondas de movimiento que “barren” el intestino entre las comidas. Cuando alguno de estos mecanismos falla, las bacterias pueden multiplicarse.
- Motilidad intestinal reducida: diabetes, hipotiroidismo, esclerodermia, gastroparesia y uso de opioides.
- Cirugías abdominales y bariátricas, adherencias y alteraciones anatómicas, como divertículos y estrechamientos.
- Uso prolongado de inhibidores de la bomba de protones (omeprazol y similares), que reducen la acidez del estómago.
- Enfermedad celíaca, enfermedad de Crohn, pancreatitis crónica y otras enfermedades gastrointestinales.
- Gastroenteritis e infecciones previas, que pueden alterar el funcionamiento del intestino.
- Envejecimiento y enfermedades que afectan la inmunidad.
El SIBO suele ser consecuencia de otro problema. Por eso, la investigación de la causa es parte del tratamiento: sin ella, los síntomas tienden a volver.
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Cómo se hace el diagnóstico
El diagnóstico considera síntomas, historial, factores de riesgo y exámenes. El más usado es el test de aliento con sustrato (lactulosa o glucosa), que mide hidrógeno y metano en el aire espirado durante cerca de 2 a 3 horas.
Qué muestra el test
Un aumento temprano del hidrógeno o niveles elevados de metano sugieren la presencia del sobrecrecimiento. El resultado debe interpretarse junto con los síntomas, porque el test no es perfecto y puede dar falsos positivos y falsos negativos.
La preparación es fundamental
En general exige ayuno de 8 a 12 horas, una dieta con pocos alimentos fermentables el día anterior y la suspensión de antibióticos, laxantes y otros medicamentos, en plazos definidos por el laboratorio y el médico. No suspendas medicamentos por tu cuenta. Sigue el protocolo del laboratorio.
Otras investigaciones
Según los síntomas, pueden ser necesarios análisis de sangre, estudio de enfermedad celíaca, evaluación de la tiroides, glucemia y otros exámenes para investigar la causa y las deficiencias de nutrientes.
También existe la recolección de líquido del intestino delgado por endoscopia, pero es un procedimiento poco disponible y usado en situaciones específicas.
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Opciones de tratamiento
El tratamiento es individualizado y lo conduce el médico, con apoyo nutricional. No existe una receta única, y el uso de medicamentos y fitoterápicos sin evaluación puede perjudicar.
Antibióticos
La rifaximina, que actúa en el intestino con poca absorción, es la opción más estudiada para el SIBO de hidrógeno. En el tipo metano, suele asociarse otro antimicrobiano. La elección, la dosis y la duración son decisiones médicas.
Fitoterápicos antimicrobianos
Algunos, como la berberina, el aceite de orégano y la alicina, se estudiaron en trabajos pequeños, con resultados cercanos a los de los antibióticos en algunos casos. La evidencia aún es limitada, y la seguridad, las interacciones y la calidad del producto deben ser evaluadas por un profesional.
Dietas específicas
Las dietas bajas en FODMAP u otras formas de restricción pueden aliviar los síntomas por un período corto, pero no eliminan la causa y no deben prolongarse. La dieta elemental se usa en casos seleccionados, bajo supervisión.
Probióticos
Los resultados son variables y dependen de la cepa. En algunos casos pueden aliviar síntomas, pero en otros pueden empeorar la hinchazón. La elección debe ser individualizada.
Procinéticos y motilidad
Después del tratamiento, los medicamentos o medidas que estimulan el movimiento del intestino, además de intervalos de al menos 4 a 5 horas entre comidas, ayudan a prevenir recaídas. Esto debe evaluarse individualmente.
Suplementación nutricional
Cuando hay deficiencia, puede ser necesario reponer vitamina B12, hierro, vitamina D y otros nutrientes, según los exámenes.
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Alimentación durante el cuidado
La alimentación ayuda a controlar los síntomas y a reducir lo que las bacterias tienen para fermentar, pero no sustituye el tratamiento de la causa.
- Haz comidas con intervalos de 4 a 5 horas, sin picotear todo el tiempo, para dar oportunidad al “movimiento de limpieza” del intestino.
- Mastica bien y come despacio.
- Prefiere alimentos simples y poco procesados, con proteínas, vegetales bien tolerados y grasas de buena calidad.
- Reduce, de forma temporal y orientada, los alimentos ricos en FODMAP, azúcares y edulcorantes como sorbitol y xilitol.
- Bebe agua durante el día y evita el exceso de alcohol.
- Reintroduce los alimentos poco a poco, evitando una dieta restrictiva por tiempo indefinido.
Una dieta muy restrictiva y prolongada puede empeorar la diversidad de la microbiota y causar deficiencias. Debe ser parte de un plan con inicio, objetivos y reevaluación.
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Cómo prevenir las recaídas
La recurrencia es frecuente, sobre todo cuando la causa de base permanece. Algunas medidas ayudan:
- Tratar o controlar las enfermedades asociadas, como diabetes, hipotiroidismo y enfermedad celíaca.
- Revisar el uso prolongado de medicamentos que reducen la acidez del estómago, junto con el médico.
- Mantener los intervalos entre comidas y el sueño en horarios regulares.
- Practicar actividad física y cuidar el estrés, que influyen en el intestino.
- Corregir deficiencias de nutrientes y vigilar los síntomas.
- Hacer seguimiento con un profesional y repetir los tests solo cuando haya indicación.
Cuida los síntomas y la causa
En la consulta evalúo síntomas, exámenes, historial y rutina para organizar la investigación, la alimentación y las deficiencias nutricionales, en conjunto con tu médico, para que el tratamiento sea seguro y la recaída sea menos probable.
Dra. Daniely Catharino TooleyNutricionista clínica, funcional y ortomolecular · CRN3/6794
Referencias (4)+
- Pimentel et al. ACG Clinical Guideline: Small Intestinal Bacterial Overgrowth. Am J Gastroenterol, 2020.
- Rezaie et al. Hydrogen and Methane-Based Breath Testing in Gastrointestinal Disorders: The North American Consensus. Am J Gastroenterol, 2017.
- Chedid et al. Herbal therapy is equivalent to rifaximin for the treatment of small intestinal bacterial overgrowth. Glob Adv Health Med, 2014.
- Quigley et al. AGA Clinical Practice Update on Small Intestinal Bacterial Overgrowth: Expert Review. Gastroenterology, 2020.
Contenido educativo para adultos. Las orientaciones no sustituyen una consulta, un diagnóstico ni un tratamiento individual.